·Enamorado con todos estos Vampiros· [Cap. 16]
Capítulo 16. "¿No quieres sentir mi piel sobre tu piel?"
Michael abrió sus ojos cuando la tapa del ataúd cayó al suelo y quedó en la penumbra de aquella habitación fría. Llevó sus manos delgadas, pálidas y frías a su rostro y lo frotó un poco sólo para despejarse que aquellas visiones que había visto en sus sueños... Era raro, no había soñado eso desde un bien tiempo y no comprendía por qué comenzaba soñarlo de nuevo. Se paró en un movimiento ágil y miró el reloj antiguo que estaba en una de las paredes de la habitación, entonces descubrió que sólo habían pasado treinta minutos desde que se había ido a descansar y aún no amanecía... Decidió no dormir ese día, además tendría que ir a buscar a Ana.
Se dirigió al gran salón donde la mayor parte del tiempo se la pasaba su clan. Seguramente no había nadie ahí y sería placentero estar solo. Aunque... había algo que lo preocupaba: y eso era que no dejaba de pensar en Lorena. Y ese sueño tormentoso que lo había seguido desde siempre.
Cuando Michael llegó al gran salón se sorprendió al ver ahí a Ana, y más se sorprendió al oírla lanzar algunos lamentos. Se acercó a ellos y tocó su hombro suavemente.
-¡¿Qué mierda haces aquí?! -preguntó exaltada Ana cuando sintió esa mano pesada y fría sobre su hombro.
Michael sólo la observó por segundos y se sentó junto a ella. Algo andaba mal. Ya no deseaba besarla como antes había estado tentado a hacerlo. La miró a los ojos y la química que alguna vez sintió como antes ya no era igual.
-¿Por qué te estabas lamentando? -preguntó nada indiscreto sintiendo la pesada mirada de Ana en él.
-No es asunto que te importe, Michael -contestó Ana con enojo. Se separó de él bruscamente y se alejó un poco.
-¿Por qué no mejas demostrarte que todo es real? -dijo sin más-. Lo que siento -aclaró, pero... sin saber porque ya no se sentía como cuando le decía eso a la "persona", que según él, amaba.
-¿Y por qué tú no entiendes que yo no necesito nada de ti? Que no quiero nada tuyo, ni siquiera quiero que me ames.
Michael se sintió bien. Esas palabras ya no le dolían.
-Sí... sí eso es lo que quieres, que no te ame, que ya no sienta nada por ti, está bien -dijo de pronto con voz conmocionada. Él mismo se sorprendía de sus palabras-. Pero, sólo quiero saber que es lo que te pasa, aún así me preocupas.
-No, no quiero... no tengo porque contarte lo que me pasa.
-¿Es por lo que me dijiste de Peter? -cuestionó Michael, algo tenía que salir de eso.
-No -contestó un tanto contrariada.
-Ahora sé que es por él, tu reacción cuando lo mencioné... es él, ¿verdad? ¿Ese cretino?
-El que no te ame a ti no quiere decir que no ame a otros, Michael -Ana se paró de su lugar enfurecida.
-Me vale si amas a otros o no, ya me cansé de rogarte y que me trates como una vil basura -gritó, pero no tanto, no quería que los demás escucharan y se levantaran para ver que pasaba-. Me da igual si Peter te hace caso o no, y para mí, si él ni te mira siquiera, es mejor... así sentirás todo lo que yo sentí cada vez que me rechazabas.
-No tienes por que hablarme así.
-No me sorprendería que Peter no te hiciera caso. ¿Quién en su sano juicio te haría caso? Eres una hueca hipócrita.
Ana en ese momento se quedó callada y ya no quiso o no pudo decir nada. Estaba teniendo un poco de su merecido, sí, pero eso que le estaba diciendo Michael dolía un poco. Y aunque fuera una perra igual sentía.
-Ahora sé. Es porque Peter ahora está pasando mucho más tiempo con Samantha, ¿no? -y entonces Michael sonrió mezquinamente.
En ese momento la gran puerta se abrió dejando paso a una chica con porte serio y elegante a la vez. Su mirada brillaba en un tono rojizo y una de sus cejas estaba levantada sin que hiciera el más mínimo gesto.
-idiotas, ¿han visto a Peter? -dijo ésta aún sin hacer el máximo esfuerzo en los músculos de su rostro.
-Vaya, ya se te perdió... de nuevo -contestó Michael en tono sarcástico-. Deberías avisarle a Alicia, o a...
-Es por eso que les estoy preguntando por él -interrumpió Samantha-. Ni Alicia no Joseph están... no llegó ninguno de los dos.
-Eso si que va a ser un problema -comentó el vampiro.
Ana permanecía en su lugar sin despegar su vista de Samantha como deseando aniquilarla en ese mismo instante; pero por obvias razones eso no iba a ser posible, aunque ya se las cobraría con ella, le debía muchas.
-Aún no entiendo porque insistes en estar tanto tiempo con Peter -dijo sin más Ana sin dejar de mirar a Samantha.
-Y yo no entiendo porque tú insistes en acosarlo, Ana -Samantha alzó su otra ceja y soltó una carcajada.
-Déjense de estupideces, tenemos que avisar que Peter y...
-¿Qué yo qué? -en ese instante y por la puerta donde minutos antes había entrado Samantha, se aparecía Peter con una sonrisa furtiva y sus ojos brillantes al máximo.
Seguramente regresaba de casar el muy idiota, pensó Michael.
-¿Dónde carajo estabas? -preguntó en tono retador acercándose a él.
-En donde no te incumbe, Michael -contestó del mismo modo resaltando su nombre con sorna.
-Bien, al final de todo me viene valiendo lo que hagas con tu puta vida -lo miró una última vez y se acercó a la puerta para salir.
-¿Adónde vas? -quiso saber Ana.
-¿No es obvio? A buscar a los otros dos idiotas -negó con la cabeza un tanto irritado-. Tú, ven conmigo, me ayudarás.
-Voy -le dijo Samantha y lo siguió.
Salieron el cuarto cerrando la puerta detrás de ellos. Ana había fijado su vista en ningún lugar en especial y no se había percatado que Peter la observaba con insistencia.
-Deja de pensar en eso
Las palabras de Peter la sacaron de sus pensamientos.
-¿Qué?
-Ya hablamos de esto, Ana, no puedo ni quiero tener algún tipo de relación contigo.
-Nunca me aclaraste el por qué.
-Te lo he dicho: simplemente no podemos... -sonrió de lado imaginando algunas cosas-. Deberías hacerle caso a Michael.
-Pero yo no lo quiero a él, quiero estar contigo.
-Eres muy terca ¿ya te lo habían dicho? -dijo sarcásticamente. Después sonrio malvadamente y miró a los ojos de Ana-. Pero bien, si esto es lo que quieres... esto es lo que tendrás.
Ana lo miró con un poco de sorpresa y miedo a la vez, no le había gustado mucho la mirada de Peter, pero ya era tarde para reaccionar, él ya la había tomado de la mano y la llevaba a toda velocidad por la casona hasta que salieron a la fría calle.
.*.
Estaba realmente asustada. La poca luz que producían la velas noo era suficiente para que sus ojos pudieran distinguir todo lo que había a su alrededor y eso le provocaba un pánico terrible, y aunque quisiera gritar no podía... simplemente su voz no salía de su garganta.
-Todo terminará muy pronto, lo prometo.
Y ahí estaba de nuevo Billie, con esa rara sonrisa en sus labios y esas cosas raras que hacía en un traste viejo.
-Sólo tengo una pregunta: ¿Cómo te pudo interesar un tipo como yo?
Blanca no dijo nada, aparte de que no podía articular palabra, no sabía como responder a esa pregunta. Ni ella misma sabía la respuesta. Simplemente se había enamorado de él, de sus ojos y su personalidad tan loca y misteriosa.
Los pasos de Billie acercándose a ella llamaron su atención y ahí estaba él parado frente a ella con una sonrisa de suficiencia. La tomó del brazo y con un poco de fuerza la levantó guiándola hasta donde reposaba el ataúd, donde seguía el cuerpo inerte de aquella peli-roja. Billie sirvió un poco de esa mezcla rara en una pequeña taza y se la tendió a Blanca. Ella lo miró desconfiada, pero aún así la recibió.
-Sólo bébela cuando yo te diga -le indicó.
No entendía porque a pesar de su miedo seguía todas las indicaciones de Billie; tal vez era esa vocecita en su interior que le decía que al final de cuentas Billie no buscaba hacerle daño.
Blanca se quedó confundida y un poco aturdida. Billie comenzó a decir algún tipo de oración en una lengua extraña y es ahí cuando en verdad el miedo la invadió por completo. Al terminar Billie la observó detenidamente y le indicó que bebiera lo que tenía en sus manos. Al principio ella no aceptaba la orden, pero la insistente mirada de Billie y su voz la indusieron a que lo hiciera. Creyó que algún extraño sabor inundaría su boca, pero fue todo lo contrario, ese extraño liquido tenía un sabor muy dulce, así que decidida lo tragó todo.
Billie sólo sonrió victorioso y se acercó lentamente a Blanca cuando vio que lo que había tomado ya estaba surtiendo efecto. Cuando su frágil cuerpo se tambaleó lo tomó entre sus brazos y en ellos Blanca quedó inconciente. Llevó su cuerpo hasta una pequeña cobija que estaba en el suelo justo enfrente del ataúd de Julieta y la recostó ahí con sutil cuidado. Tomó de nuevo el extraño libro entre sus manos temblorosas y volvió a leer ese extraño texto.
Una ráfaga de viento sacudió su cabello negro y las velas se apagaron al instante. Sólo la luz de la luna que entraba por la ventana era la que iluminaba el pequeño cuarto. Transcurrió un tiempo en el que no ocurrió nada y Billie creyó que nada de lo que había hecho había funcionado...
Pero de pronto... Blanca comenzaba a moverse un poco, soltó un pequeño quejidito, ya no era la misma voz que tenía. Sus ojos se fueron abriendo lentamente. En ese instante Billie comenzó a temblar un poco, sentía un poco de pavor pero a la vez una inmensa alegría. Tomó la mano de Blanca entre la suya y por fin la miró directamente a los ojos... esos ojos que ya no tenían el mismo color...
-E-eres tú... -musitó aún sin poderlo creer.
Blanca se incorporó en ese momento y miró directamente a los ojos de Billie que no dejaban de observarla ni un solo instante, en ellos había un brillo especial.
Billie Joe sonrió, reconocía a la chica que tenía enfrente, aunque tenía casi la misma apariencia de Blanca, él sabía que no era más ella.
.*.
Sólo habían pasado un par de horas desde que llegaron a casa y Dan comenzó a ponerse muy pesado. Gerard trataba de tranquilizarlo pero simplemente no podía, obviamente Dan tenía más fuerza que él, sólo un poco.
-¡Carajo! ¡He dicho que te detengas! -gritó Gerard al momento que Dan volvía a saltar del sillón dispuesto a irse de ahí. Ya había tratado de escapar por una de las ventanas, pero Gerard pudo cerrarlas todas muy bien.
Miró a todos lados y fue cuando encontró en el suela la jeringa que había tratado de usar en contra de Dan para tranquilizarlo, en ella yacía un líquido verde que brillaba un poco en la luz de la luna. Le temía a las agujas, pero se dijo que en ese momento no era tiempo de sentir fobias. La tomó en una de sus manos y cuando Dan no estuvo mirando la enterró repentinamente en una de sus piernas. Al instante Dan quedó tranquilo, simplemente con la mirada fija en Gerard.
-¡Mierda! Esta porquería no sirve, se supone que quedarías inconciente.
-Será que nada funciona conmigo -dijo sarcástico.
-Tampoco funcionó con Ray -musitó Gerard para sí mismo.
Dan lo miró un poco divertido y sonrió de lado alzando una de sus cejas, de repente soltó una carcajada.
-Deja de ponerte pesado -le ordenó el oji-verde.
-No puedo, no es mi culpa... es mi naturaleza -sonrió cínico.
-Esto me causará muchos problemas.
-Apuesto a que sí...
-Deja de burlarte de mí.
-No lo estoy haciendo -exclamó, pero sin abandonar esa sonrisita rara de sus labios, aún permanecía en el sillón, inclinado un poco y una de sus manos reposaba en su abdomen.
Gerard tenía su entrecejo arrugado y respiraba un poco agitado, estaba parado frente a Dan y no lo miraba, sólo trataba de pensar en como iba a solucionar ese problema.
Un raro silencio se hizo presente, entonces Dan volvió a reír:
-¿No te han dicho que enojado te ves muy hermoso?
Gerard en ese momento lo volteó a ver pero Dan ya no estaba en el sillón donde había estado hasta el momento, ahora se encontraba a escasos 2 pasos de él y lo miraba muy ansiosamente.
-¿Por qué no te quedas ahí? -preguntó alarmado.
Pero Dan fue más rápido y con un ágil movimiento tomó el rostro de Gerard entre sus manos y llevó sus labios hasta los de él, lo que comenzó como un roce pasó a ser un beso desenfrenado, pese a los esfuerzos de Gerard por separarse de él, al final había caído rendido. Sus lenguas se buscaban desesperadamente y de vez en cuando Dan mordía los labios hinchados de Gerard haciéndolo gemir una que otra vez, llegando a sacarle un poco de sangre... sangre que sabía muy diferente...
Repentinamente el teléfono sonó y Gerard se separó bruscamente de Dan, quién lo miraba con unos ojos de provocación. Gerard lo miró con un poco de asco y se acercó al teléfono mientras se limpiaba su labio inferior.
-¿Diga? -descolgó y contestó el teléfono después de aclararse un poco la garganta-. ¡¿Cómo que Mike se escapó?!
.*.
-¿Tú? ¿Qu-qu-e haces aquí? -preguntó con su vista fija en el chico que estaba parado justo frente a ella.
Él sólo sonrió de lado y se acercó más a ella.
-Te dije que te iba a venir a buscar ¿No lo recuerdas?
Angie suspiró con cansancio. Era lo único que le faltaba.
-¿Pero cómo mierda supiste en donde vivo? -preguntó alarmada al recordar que nunca había dado su dirección. Comenzaba a aterrarse completamente.
-No, no, tranquila, no pienses mal... es sólo que, digamos que tengo acceso al archivo de la escuela.
-¿Y al decirme eso no quieres que piense mal? -dijo sarcastica.
-Oh, bueno, viéndolo de esa forma...
-Sí, ¿pero para que viniste?
-Por si no lo recuerdas, me debes una cita.
-¡¿Y no pudiste esperar hasta mañana?! -vocifero-. ¡Ya es tarde!
-Lo sé, pero... pasaba por aquí, tenía tu dirección en mi bolsillo y... aquí me tienes.
-Esto se pone cada vez más raro.
-¿Y me vas a invitar a pasar o no?
-¡Claro que no!
-Descuida, no voy a hacerte nada malo, sólo quería platicar contigo un rato -dijo él con deje muy serio.
Angie rodó los ojos y salió completamente de la casa, hasta ese momento sólo había sacado un poco su cabeza por una ranura de la puerta.
El chico se hizo a un lado para que ella saliera y sonrió victorioso cuando ella se sentó en la banqueta, él la siguió.
-Si quieres hablar, hablaremos aquí -dijo, aún no muy segura de que estuviera haciendo bien-. Además tengo que esperar a mi amiga.
-¿Vives con una amiga?
-Sí, pero al parecer salió, no ha regresado, ya me preocupó...
-No lo hagas, tal vez esté por ahí con algún chico divirtiéndose.
-Sí supongo -contestó ella con una sonrisa. La sola presencia de ese chico la hacia sentirse segura, y aunque obviamente no lo admitiera enfrente de él, le gustó aquella sorpresa visita. Eso fue muy macabro, pero al fin de cuentas tenía el deseo de volverlo a ver desde la vez que hablaron aquella vez en la escuela. Y entonces recordó algo-: Nunca me dijiste tu nombre.
-¡Eso es verdad! -la volteó a ver y sonrió abiertamente-. Bueno, soy Robert.
Y entonces Angie soltó una risita. Robert la miró extrañado.
-¿De qué te ríes?
-Bueno, es que hace mucho conocí a un chico que se llamaba igual, le decíamos Bob.
-Bueno... así me dicen -rió.
-¡Aw! ¡Boby! -exclamó con un poco de burla y se soltó a reír.
Bob parecía un poco indignado pero al rato él también comenzó a reír. Era inevitable, la risa de esa chica era contagiosa.
-Bueno, dime como quieras -suspiró para terminar de reír. Un silencio se hizo presente para después romperlo él-: La luz de la luna le va bien a tus ojos.
Y en ese momento Angie agradeció tener el pelo en la cara, seguramente Bob se hubiera dado cuenta del sonrojo que aparecía en sus mejillas. En ese entonces Angie estaba mirado a otro lado, que no se percato cuando Bob se acercaba más a ella, cuando volteó por fin, tenía unos brillantes ojos azules mirándola fijamente, Bob tenía sus labios entre abiertos y una mirada pícara. Lentamente se fue acercando más, hasta que su respiración la sintió chocar con la de Angie, relamió un poco sus labios dispuesto a unirlos con los de ella... hasta que esa extraña vocecita resonó en sus oídos.
-¿Mike?
Escuchó la voz de Angie y al instante abrió sus ojos. Realmente se sorprendió, enfrente de ellos se encontraba un niño no mayor de los once años y en sus brazos reposaba un pequeño cachorro.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Angie sorprendida.
-Yo... es que me escapé de la casa de la vecina, fui con Gerard, pero no me abrió nunca, además escuchaba algunos ruidos... yo creo que estaba con alguna de sus amigas.
En ese instante Angie negó con la cabeza mientras rodaba los ojos. Conocía a Gerard, seguramente si estaba con una de esas zorras que la mayoría de las veces llevaba a su casa. Se acercó a Mikey, alborotó un poco su cabello y lo tomó de la mano para llevarlo a la puerta.
-¿Quién es él? -preguntó Bob curioso-. Comienzo a sentir celos.
Angie sólo rió.
-Es el hermano de mi amigo -informó aún con una sonrisa-. Pero no tienes porque ponerte celoso.
Bob rió y negó con la cabeza.
-Seguro, no lo estaré.
-El teléfono de Angie sonó a los poco segundos, lo reviso mientras que Bob comenzaba a hacer plática con el niño.
Era un mensaje de Marisa
«No llegaré a dormir, no te preocupes por mí, ¿de acuerdo?»
Aso había sido algo extraño, siempre llegaba a casa, así estuviera con algún chico, pero Angie decidió no hacerle mucho caso...
.*.
Había mandado a Samantha por un camino, él iría por otro diferente. Ni Joseph ni Alicia aparecían por ningún lado y comenzaba a creer que para la mañana no los encontrarían.
Pasaba muy cerca por el «Hotel Bella Muerte», iba de regreso a casa, pero algo mucho más fuerte que él le ordenó que entrara a la misma habitación en la que se había encontrado muchas veces con aquella vampiriza que había removido algo dentro de él. Sonrió para sí mismo al sentir que ella estaba ahí. Tomó vuelo y aterrizó en la alfombra sin hacer mucho ruido. Lorena estaba en la cama sentada sin hacer nada; como si estuviera esperándolo simplemente.
-¡Vaya! ¿Qué sorpresa! -exclamó ella al mirar a Michael acercársele.
-¡Qué graciosa! -rió-. Sé perfectamente que esperabas a que viniera, ¿o no?
-Puede que sí... puede que no.
-Bueno, pero estoy aquí ya -se sentó a su lado y sonrió-. ¿Cómo has estado?
-Bueno, tú sabes... un poco contrariada con todo lo que está pasando, pero sobreviviré.
Michael rió de nuevo:
-¿Debo tomar eso como un sarcasmo?
-Si -contestó Lorena con una sonrisita rara-. Pero bien, cuéntame como te fue con tu querida Ana -cuestionó recalcando con hostilidad el nombre de la otra vampiresa.
-Veo que no te cae nada bien.
-No me cae nada bien porque sé lo perra que es.
-Oh, entonces ya sabes como me fue, ¿entonces para que me preguntas?
-No lo sé, sólo quería que tú fueras quién me lo dijera.
-Bueno, como ya habrás notado no me fue nada bien -suspiró-. Pero... por un lado me alegro.
-¿Qué? ¿No vas a hacer un drama por ella?
-No lo merece.
Un silencio inundó el lugar; no fue uno de esos silencios incómodos, si no más bien algo como diferente; uno en dónde Michael no apartaba la vista de Lorena y ella no apartaba la suya de la ventana.
Minutos más tarde de tortura Michael por fin se decidió a decir algo, aunque no estaba tan seguro de decirlo:
-¿Sabes? Las cosas que antes sentía por Ana ya no las siento más por ella, si no por alguien más...
-Oh, vaya, cambias muy rápido de parecer -contestó un tanto nerviosa, no quiso mirar a Michael porque sabría que no se resistiría a leer su mente y entonces si no era la misma persona en la que estaban pensando ambos, se sentiría muy tonta de haberse hecho ilusiones.
-Bueno, si ya sabes...
-Y bueno, ¿ahora quién es ella?
Michael soltó una risita.
-Me sorprende que tú que puedes leer mi mente me lo preguntes
-No he leído tu mente en estos momentos
-Bien te lo diré -sonrió y entonces miro de nuevo a Lorena, quién miraba el suelo, su cabello cubría su cara y la luz de la luna reflejaba sólo una parte de su perfil haciendo que sus ojos brillaran intensamente. Entonces tomó con sus manos frías el rostro de Lorena y lo acercó hasta el suyo, sintiendo su respiración fría chocar con la de ella y el contacto de sus pieles de marfil frotarse, acarició con sus pulgares las mejillas de Lorena y entonces fue que rozó sus labios con los suyos. El beso incrementó al grado de que sus lenguas se buscaban para hacer fricción. Sus respiraciones aumentaban a cada segundo que pasaba y para ese entonces las manos de Michael ya se encontraban en la cintura de Lorena, la cual empezó a frotar lentamente.
Cayeron poco a poco al colchón y los labios de Michael se posaron sobre el blanco y delicado cuello de Lorena, quién a su vez soltaba un par de gemidos al sentir las manos del vampiro acariciarle lujuriosamente...
El tiempo pasaba y la pasión incrementaba. Ambos deseaban eso.
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Sus cuerpos se rozaban constantemente mientras los besos y las caricias aumentaban más cada vez. Billie podía mirar los ojos de Blanca, pero sabía que esos ojos eran de alguien más, de esa persona que había amado.
Cuando Blanca por fin despertó completamente, lo primero que hizo fue aventarse inmediatamente a los brazos de Billie, lo cual lo dejó un poco sorprendido, ya que no esperaba eso, y menos después de lo que acababa de pasar. Pero aún así no puso resistencia y se dejó llevar por el deseo que sentía en ese momento de estar con ella. La tomó de las caderas hundiendo sus dedos salvajemente mientras besaba con desenfreno los, ya rojos e hinchados, labios de su amante.
La tumbó lentamente sobre la cobija donde momentos antes había estado ella recostada y se colocó sobre ella sin dejar de besarla, retiró su blusa casi de un tirón y llevó sus frías manos hasta sus jeans para quitarlos. Besó su abdomen con frenesí y con sus manos masajeaba algo brusco sus senos que estaba cubiertos por el sostén que ya comenzaba a estorbar, así que llevó sus manos a la parte de atrás y lo desabrochó dejando sus pechos al aire y saboreando sus labios al mirarlos.
La miró una última vez a los ojos y sonrió al descubrir que seguía viendo los mismos ojos verdes que deseaba ver. Bajó un poco y comenzó a besar uno de los pezones de su amante, mientras que bajaba lentamente sus manos hasta el resorte de su pataleta para poder quitarla.
Ella bajó sus manos de igual forma para poder quitar el pantalón de Billie quién ya no traía la camiseta. Sonrió al sentirse por fin al lado de Billie. Eso era como estar en el paraíso. Aunque sabía perfectamente que no era ella completamente. Se sentía rara pero demasiado bien a la vez.
Él alzó instantáneamente su vista para volverla a mirar a los ojos, y de sus labios desapareció un poco la sonrisa que se le había dibujado minutos antes... definitivamente esos ya no eran los ojos de Julieta... esos eran los ojos de Blanca; por un momento se sintió culpable, pero esos ojos que lo miraban suplicante lo hechizaban igual... además ya era demasiado tarde para arrepentirse.
~~~
Yaa, aquí está XD, siento que se quedé así y tan confuso, pero prometo se arreglará todo en el siguiente capi L:
Ya sista, ahí está tu BILLIEEEEE xD
Lorena, prometo ya no dejarlo a la mitad! (A) XD
Y Frank (Daniel, muajaja) ¬¬, yaa, ahí stá tu prosti de Gerard! (:, jajaja.
(L)
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